La función principal de las residencias para la Tercera Edad debe ser la de sustituir lo más perfectamente al hogar del usuario, proporcionando a éste una excelente atención integral. De todas formas, estos centros de alojamiento, según su categoría y especialidad podrán ofrecer diversos y diferentes servicios. Independientemente de estos puntos citados, lo que sí deben tener unas condiciones mínimas reguladas, obligadas por decreto, entre las que podemos destacar el establecimiento anual de actividades, una correcta atención médica y un sistema democrático de participación de todos los usuarios. Además, en general, las residencias para la Tercera Edad suelen contar con un fisioterapeuta, un terapeuta ocupacional y un experto en nutrición gerontológico.
En numerosas ocasiones, el ritmo de vida en el que nos movemos impide que podamos atender debidamente a nuestros mayores, sobre todo si han dejado poder valerse por ellos mismos. Por ello, una solución aceptable para las dos partes puede ser recurrir a una residencia para la Tercera Edad, siempre informándonos de la más adecuada para cada caso y buscando siempre la modalidad que más pueda convenirnos. Porque, debemos saber que existen múltiples residencias que contemplan la posibilidad de utilizar sus servicios solamente durante el día, como es el caso de los Centros de Día. Otra de las modalidades en estos casos es la que permiten algunas comunidades autónomas de que sus mayores tengan la posibilidad, a través de programas especiales, de pasar estancias cortas de solamente días o semanas durante períodos vacacionales en residencias, como seríe el caso, por ejemplo, de el Bono Respiro de la Comunidad Valenciana.